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El Primer Relato de la Primera Visión dado por José Smith en 1832

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El sitio mormon.org define la primera visión de la siguiente manera:

Siendo José Smith un jovencito, había en su comarca varias iglesias que proclamaban enseñar la verdad, aunque disentían unas con otras. Esto le llevó a una seria reflexión. Él deseaba saber cuál iglesia tenía la razón. Un día leyó un pasaje en la Biblia que decía: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). José decidió aceptar la invitación de preguntar a Dios.

En la primavera de 1820, José fue a una arboleda cercana a su casa y oró para saber a cuál iglesia debía unirse. En respuesta a su oración, el Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, se le aparecieron. José escribió: “Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. “Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”. Se le dijo a José que no se uniera a ninguna de las iglesias que existían en esa época, ya que tanto la autoridad del sacerdocio como la Iglesia que Jesucristo había organizado cuando estuvo sobre la tierra, se habían perdido en el transcurso de los siglos.

La Primera Visión de José Smith señaló el comienzo de la Restauración del evangelio de Jesucristo sobre la tierra. La relación escrita por José sobre este acontecimiento es un testimonio poderoso de lo que él vio y experimentó (José Smith—Historia, capítulo 1, versículos 8-17).

El Presidente Gordon B. Hinckley  enseño lo siguiente con respecto a la importancia de la primera visión:

Todo nuestro caso, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, descansa sobre la validez de esa maravillosa Primera Visión, que fue la cortina que se descorrió para abrir esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Nada sobre lo cual basamos nuestra doctrina, nada de lo que enseñamos, nada de aquello por lo cual regimos nuestra vida es de mayor importancia que esa primera afirmación. Sostengo que si José Smith habló con Dios el Padre y con Su Hijo Amado, entonces todo lo demás de lo cual hablamos es verdadero. Esta es la bisagra sobre la cual gira la puerta que se abre al sendero que conduce a la salvación y a la vida eterna. (Gordon B. Hinckley -¿Qué Pregunta La Gente Acerca De Nosotros?)

La iglesia ha reconocido públicamente por medio del ensayo Relatos de la Primera Visión la existencia de cuatro relatos de la primera visión dados por José Smith, ademas de algunos relatos dados por sus contemporáneos. El siguiente párrafo tomado de dicho ensayo  confirma lo antedicho:

José Smith publicó dos relatos de la Primera Visión durante su vida. El primero de ellos, conocido hoy como José Smith — Historia, fue registrado en los Libros Canónicos en la Perla de Gran Precio y, por lo tanto, se convirtió en el relato más conocido. Los dos relatos que no se publicaron, registrados en la autobiografía más antigua de José Smith y en un diario personal más adelante, por lo general fueron olvidados hasta que historiadores que trabajaban para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días los descubrieron y publicaron en la década de 1960… Además de los relatos de primera mano, también hay cinco descripciones de la visión de José Smith, registradas por sus contemporáneos. (Relatos de la Primera Visión)

El único y mas antiguo relato escrito por José Smith, se encuentra en una autobiografía corta e inédita que José Smith produjo en la segunda mitad de 1832. A continuación dicho relato:

Alrededor de la edad de doce años, comencé a inquietarme seriamente con respecto a todo lo importante que tenía que ver con el bienestar de mi alma inmortal, lo que me llevó a escudriñar las Escrituras, creyendo, según se me había enseñado, que contenían la palabra de Dios, por lo que las apliqué a mí mismo. Mi relación estrecha con las personas de diferentes denominaciones me causó un gran asombro, pues descubrí que no honraban lo que profesaban con acciones santas ni conversación devota que estuvieran de acuerdo con lo que yo había encontrado en aquel sagrado escrito. Esto causaba pesar a mi alma.

Por lo tanto, de los doce a los quince años de edad, medité muchas cosas en el corazón acerca de la situación del mundo, de la humanidad, de las contenciones y las divisiones, de la iniquidad y las abominaciones, y de las tinieblas que cubrían la mente del género humano. Me sentía cada vez más angustiado por sentirme culpable de mis pecados y, al escudriñar las Escrituras, encontré que el hombre no se acercaba al Señor sino que había apostatado de la fe verdadera y viviente. Y no había ninguna sociedad ni denominación que estuviera edificada sobre el evangelio de Jesucristo, tal como se registra en el Nuevo Testamento. Sentía deseos de llorar por mis pecados y por los pecados del mundo, pues de las Escrituras había aprendido que Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre y que no hace acepción de personas, porque Él es Dios.

Porque había observado el sol —la luminaria gloriosa de la tierra— y también la luna pasando majestuosos por los cielos, y las estrellas brillando en su curso, y la tierra sobre la cual estoy, y las bestias del campo, las aves del cielo y los peces de las aguas, y también al hombre andando sobre la faz de la tierra con majestad y belleza, poder e inteligencia, para gobernar lo que es sumamente grandioso y maravilloso, sí, a semejanza de Aquél que los creó. Y al reflexionar sobre esas cosas, clamé desde el fondo de mi corazón: “El hombre prudente tuvo razón cuando dijo que ‘es necio el que dice en su corazón que no hay Dios’”. Mi corazón exclamó: “Todo eso da testimonio y pone en evidencia un poder omnipotente y omnipresente, un Ser que crea las leyes, y decreta y une todas las cosas dentro de sus confines, que llena la eternidad, un ser que era, que es y que será de eternidad en eternidad”. Y cuando consideré todo eso y que ese Ser busca que los que lo adoren, lo adoren en espíritu y en verdad; por tanto, clamé al Señor pidiendo misericordia, porque no existía nadie más a quién dirigirme para obtenerla.

Y el Señor escuchó mi ruego en aquel lugar solitario y, mientras me encontraba en actitud de acudir al Señor, en el decimosexto año de mi vida, una columna de luz, más brillante que el sol, descendió hasta descansar sobre mí  y fui lleno del Espíritu de Dios. Y el Señor abrió los cielos sobre mí y vi al Señor,  y Él me habló y me dijo: “José, hijo mío, tus pecados te son perdonados. Sigue tu camino, anda en mis decretos y guarda mis mandamientos. He aquí, Yo soy el Señor de gloria. Fui crucificado por el mundo para todos los que crean que en mi nombre puedan tener la vida eterna. He aquí, en este momento el mundo yace en el pecado y no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno. Se han apartado de mi Evangelio y no guardan mis mandamientos; con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí. Mi ira está encendida en contra de los habitantes de la tierra y caerá sobre ellos de acuerdo con su impiedad y para llevar a cabo aquello que se ha declarado por boca de los profetas y los apóstoles. He aquí, vendré pronto, como está escrito, en las nubes y revestido de la gloria de mi Padre”.

Y mi alma se llenó de amor, y por muchos días me regocijé y sentí una gran dicha, y el Señor estaba conmigo, pero no podía encontrar a nadie que creyera en mi visión celestial. No obstante, meditaba sobre estas cosas en mi corazón. (Relatos de la Primera Visión – Joseph Smith Papers)

La mas importantes diferencias de este relato en comparación con el relato de la primera visión escrito en 1838  son las siguientes

  1. La edad en la que José Smith admite haber recibido la visión.
  2. La lucha con un enemigo que le había sujetado.
  3. La cantidad de los personajes que este indica haber visto.
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Brother Nephi Ver todo

Bother Nephi fue un miembro activo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sirvio una misión de tiempo completo. y ahora que esta fuera del mormonismo, escribe como pasatiempo en creenciasreligiosas.com

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